
El Roto
Nos llega heredada de la dictadura de Franco una polarización de las rentas, es decir, la riqueza estaba concentrada en unos pocos mientras las clases populares (la mayoría de la población) estaba empobrecida. Y en la transición no se hizo nada para modificar esta situación, para redistribuir esta riqueza de algún modo, lo cual fue el gran “error” (realmente no fue un error, fue una condición para una transición pacífica). Pero fue un gran error que las clases populares dejamos que se cometiera embobados con la novedad de los 350 diputados que íbamos a tener en el congreso.
La situación de la economía productiva en España, es decir la que produce bienes y servicios y da trabajo, no era muy boyante después del aislamiento y la torpeza del franquismo (sin mencionar las barbaridades). La industria, las fábricas, la investigación, la educación, las infraestructuras, etc., estaban en clara desventaja con respecto a países de nuestro “entorno rico”. El trabajo clásico por tanto, no funcionaba bien, las fábricas típicamente españolas no daban el suficiente beneficio a sus dueños (entre otras cosas por el modelo obsoleto de gestión jerárquica caciquil heredado del franquismo que incluso hoy día perdura). Las élites españolas con dinero no rentabilizaban lo suficiente su dinero, no tenían los beneficios que deseaban: querían más.
Entonces nuestros gobiernos de turno, ante la poca rentabilidad de las empresas clásicas españolas, emprenden la transformación de España que consiste en: (1) privatizar empresas que necesariamente tienen muchos beneficios porque proporcionan servicios necesarios al país (Endesa, Telefónica, Iberia, los bancos públicos, etc., etc., etc.) para dárselas de nuevo a las élites, (2) preparar a España para un modelo basado en el turismo (trabajos precarios y temporales) y dar servicios subalternos al resto de Europa(como así nos pide el núcleo fuerte exportador europeo Alemania, Francia, etc.), (3) facilitar que las clases medias también participen con pequeñas inversiones en las burbujas financieras que se van creando para que todo el mundo participe de la “fiesta” (burbuja inmobiliaria, inversiones muy rentables sin hacer nada, productos financieros virtuales muy interesantes para todos, y demás pelotazos y corruptelas diversas).
Con todo esto, la sociedad del trabajo queda abandonada, queda abandonada la inversión y planificación pública en empresas españolas, en investigación y desarrollo, en la industria, queda abandonado el campo y el importante sector agrícola y pesquero español, etc. Es decir, el empleo clásico, el puesto de trabajo clásico, queda en segundo puesto detrás de la especulación financiera. Quedan abandonadas las empresas públicas rentables que suponen, y esto no se puede ignorar: mucho trabajo estable, con salarios justos, con grandes beneficios para el conjunto de los ciudadanos porque son empresas muy rentables. Queda abandonada la banca pública: que nunca en la historia de España ha dado ningún problema, nunca ha quebrado, nunca ha hecho especulación, y tenía muchos muchos beneficios que irían de nuevo a los ciudadanos. Y la banca pública nunca nos hubiera llevado a la actual situación de crisis de deuda privada.
Resultado: nuestros bancos son, o han sido, los más rentables del mundo. Están, o han estado, entre los primeros del mundo. Nuestras élites siguen las mismas desde el franquismo, con la incorporación unos pocos que han tenido suerte con algún “pelotazo” en estas situaciones. Pero España siempre ha tenido muy altas tasas de paro, llegando en noviembre de 2011 a 5 millones de parados.
La transformación que necesita España pasa por cambiar esta situación de dominio de las élites financieras españolas que, a su propio interés, “banbolean y bandean” a su gusto a España y a su economía sin llegar nunca, porque no les interesa, a lo que la mayoría de los ciudadanos queremos: una sociedad justa, solidaria y sostenible, y con igualdad de oportunidades para todos.